“Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean" Es propio del hombre la tendencia natural que siente a que se le recompense cuando ha hecho algo bien. Parte de la educación que recibimos de pequeños es por medio de la premiación y del regalo. Un regalo si nos portamos bien, si sacamos buenas notas en el colegio, si nos tomamos la medicina cuando estamos enfermos, etc. Y ya de mayores la mayoría de las veces actuamos para ser vistos por los demás, porque nos gusta llamar la atención en medio de un grupo de amigos o incluso en la propia familia. Y no digamos cuando hemos hecho un acto de beneficencia a otra persona. En estos casos pensamos que todos deben darse cuenta de la grandiosa generosidad con que cuenta el mundo con mi presencia en esta tierra. Nos incluimos dentro de las maravillas del mundo. (Catholic.net)
"Cuando se realiza una obra buena, casi por instinto surge el deseo de ser estimados y admirados por la buena acción, es decir, se busca una satisfacción. Y esto, por una parte, nos encierra en nosotros mismos y, por otra, nos hace salir de nosotros mismos, porque vivimos proyectados hacia lo que los demás piensan de nosotros y admiran en nosotros. El Señor Jesús, al proponer de nuevo estas prescripciones, no pide un respeto formal a una ley ajena al hombre, impuesta como una pesada carga por un legislador severo, sino que invita a redescubrir estas tres obras de misericordia viviéndolas de manera más profunda, no por amor propio, sino por amor a Dios, como medios en el camino de conversión a él. Limosna, oración y ayuno: es el camino de la pedagogía divina que nos acompaña, no sólo durante la Cuaresma, hacia el encuentro con el Señor resucitado; un camino que hemos de recorrer sin ostentación, con la certeza de que el Padre celestial sabe leer y ver también en lo secreto de nuestro corazón." (Benedicto XVI, 9 de marzo de 2011). |
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Domingo VII del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 2, 1-12) – 19 de febrero de 2012
Hermann Rodriguez Osorio *
Cuentan que una vez iban dos frailes caminando por un campo. Al llegar a una quebrada, encontraron a una señorita muy bonita que quería pasar al otro lado sin mojarse; pero no había puente ni posibilidad alguna de cruzar el obstáculo sin meterse al agua; de modo que la hermosa jovencita le pidió a los frailes que le hicieran el favor de pasarla cargada. Uno de ellos no tuvo ningún problema en prestarle este servicio; se la echó al hombro y la pasó con mucho cuidado. Ella quedó muy agradecida y siguió su camino por un rumbo distinto.
En caminoVidas ejemplares:
Anton Luli S.J. Cuantas veces en nuestra vida nos hemos dejado llevar por el desespero, la angustia y el pesimismo. Algunos hemos llegado a pensar inclusive, que es nuestro fin. Cuando nos encontramos con un testimonio como el del padre Anton Luli, solo nos resta sentir una profunda admiración por el ser humano que en su corazón se deja impregnar de Dios Padre a través de su hijo amado Jesús y que lo lleva a sobrepasar las dificultades a las que en mayor o menor grado estamos contínuamente expuestos todos los seres humanos. No hay dificultades pequeñas ni despreciables, cuando nos afectan de tal forma, que perdemos nuestra alegría y paz interiores. El testimonio del padre Luli, nos ayuda a plantearnos una nueva perspectiva de vida, desde la fe en Jesucristo, desde el Amor del Padre que es fuente de vida eterna...
"No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo" Mateo 10:28 |
Carta desde Fondacio, Francia"Yo rezaba para poder trabajar un día con el Señor, trabajar en el mundo pero en algo relacionado también con mi fe. Gabriel Amouzou, responsable nacional de Togo. |
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